Hace 300 años que mira
el río. El tiempo fue ablandando sus formas como a los
ancianos; humanizándolo inclinando su silueta. Así lo conocimos
desde siempre, imaginando mil historias debajo de sus tejas.
Recientemente renació remozado como Ave Fénix siendo
hoy, sede del Museo del Azulejo. Extrañamos, sin embargo, sus
nobles arrugas y reumática silueta que queríamos como si fueran las
de nuestros abuelos.
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